viernes, 17 de enero de 2025

27-01-1967

             Luego fui a la empresa Martin Schröder para informar al apoderado comercial Sr. Richter. Ahora que tenía algo seguro, no pareció muy entusiasmado. En cambio el contable, Sr. Julius Carl se mostró muy contento: “Hombre de Dios, me dijo, acepte, mándese mudar!. En Puerto Madryn está mi hermano Guillermo Carl, quien trabaja allí en la empresa Lanusse & Olaciregui (lo que confirmó una vez más, lo pequeño que es el mundo). 

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Informe recomendación de la empresa Martín Schröder. (agregado a las crónicas, traducido por Federico Bertram)

MARTIN SCHRÖDER & Cía. HAMBURGO.

Dirección de telegramas: Mirza Hamburg.

Códigos: AI, ABC 4to y 5to d Estándar de Lieher, H. R. Meyer, Samper y Mercantil Internacional.

Confirmamos que el señor Rudolf Grimm, de Hamburgo, se incorporó a nuestra empresa como aprendiz el 1 de octubre de 1904. Debido a su competencia, hemos acortado en seis meses su período de prácticas acordado de tres años, de modo que ya está empleado allí desde el 1 de abril de este año. trabaja para nosotros como comisario. El señor Grimm, con un interés extremadamente vivo por todos los acontecimientos económicos, siempre se ha preocupado por perfeccionar sus conocimientos en todos los aspectos y por llevar a cabo el trabajo que se le encomendaba de forma independiente, lo que también ha logrado al máximo. Por ello, estamos muy satisfechos con su rendimiento y podemos recomendarlo calurosamente como particularmente capaz en todos los aspectos, y le deseamos sinceramente el éxito que merece en su futura carrera comercial.

Hamburgo, 14 de mayo de 1907.

Croder H.

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            Fui a mi casa y conté lo del ofrecimiento y a la noche me fui al baile de la Asociación de Empleados Públicos de Hamburgo y bailé toda la noche. Tocaba el cielo con las manos…. 

            El lunes me presenté en la empresa Mengers & Co y acepté el ofrecimiento. Se llenaron los documentos necesarios, me dieron la lista del equipo necesario y me comunicaron que debía viajar con el primer vapor de la Pacific Steam Navigation Co. que pasando por Hull y Liverpool y tocara Puerto Madryn en su viaje de ida hacia el Pacífico pasando por Punta Arenas. El Sr. Gross también me aconsejó que me comprara el Maier-Rothschild  y estudiara contabilidad durante el viaje, porque sabía por experiencia que no se les daba oportunidad a los aprendices para trabajar prácticamente en la contabilidad. 

            Antes que nada, tenía que conseguirme los documentos necesarios: no solamente necesitaba un pasaporte, sino que tenía que arreglar mi situación con respecto al servicio militar. Me postergaron el servicio militar al año 1909 y debía presentarme en el Consulado General en Buenos Aires. 

            Todo pareció estar arreglado. En la empresa Martin Schröder me opusieron varias dificultades como por ejemplo, que debía cumplir el preaviso legal de 30 días. No me acuerdo cómo se zanjó esta dificultad, porque el 5 de agosto debía partir de Hamburgo para abordar el vapor “Flamingo” en Liverpool. 

            No tenía porqué llorar por el alejamiento, ya que mi ciudad natal ya no me ofrecía ninguna posibilidad. 

            Más tarde, Kalli Klüver tuvo más suerte que yo, porque consiguió, no se por intermedio de quien, un puesto de aprendiz en la empresa mundial W.R. Grace & Co. en Hamburgo y esta lo envió a Bolivia después de terminado su período de aprendiz. 

            De esta manera cierro aquí el 4. Capítulo de mi crónica familiar, pues mañana me despediré y saldré al ancho mundo.

 

jueves, 16 de enero de 2025

CAPÍTULO 5 - 27-01-1967

             Había llegado el 5 de agosto de 1907, el día de mi partida de Hamburgo. El correo matutino me trajo una tarjeta postal de nuestro padre, quien había tomado unos días de licencia en Mecklenburg. Tuve la impresión de que quería evitar una despedida personal. 

            Mi madre estaba presente cuando hacía mis valijas: un baúl de camarote y uno más grande para llevar en la bodega. 

            Al atardecer fuimos al puerto: mi madre y mis hermanos –entre tanto se había agregado un rezagado, mi hermano menor Alfred. Ludwig Klüver vino a despedirme. Ya anochecía, cuando un señor me apartó discretamente del grupo y se identificó como policía secreto. Me pidió mis documentos, pero no tuvo objeciones. Unas pocas palabras de despedida y subí a bordo. Poco después, el vapor soltó amarras y Elba abajo, pasando por Altona, Oevelgönne, Blankenese, dejó atrás el hogar. 

            El vapor tenía pequeños camarotes con 2, 3 o 4 cuchetas, no me acuerdo bien. Me dormí pensando que iba al encuentro de un nuevo mundo o de un nuevo hogar. 

            Al día siguiente cruzamos el Mar del Norte. Había un poco de marejada, pero era soportable. Me hice amigo de dos jóvenes que se proponían emigrar a Australia y se bajarían en Liverpool para abordar un velero. 

            A la mañana siguiente habíamos amarrado en el puerto de Hull; uno de mis compañeros de viaje resultó ser un pastor anglicano, identificado por su cuello duro abrochado atrás. Tomamos el tren que nos llevó a Liverpool pasando por Sheffield y Manchester. No recuerdo con claridad, pero creo que mis dos compatriotas me llevaron con ellos a una pensión privada y a la noche fuimos juntos a un espectáculo “Musical” que empezaba con el himno nacional. A la mañana siguientes, mis dos compatriotas abordaron su velero mientras que yo deambulaba por los diques para conocer el “Flamenco”, aunque sea por fuera, pues el embarco estaba previsto para el día siguiente. A la tarde caminé por la calle principal de Liverpool que conducía desde la estación principal hasta el puerto, compre algunas tarjetas postales y finalmente aterricé nuevamente en la pensión privada.

miércoles, 15 de enero de 2025

28-01-1967

             A la mañana siguiente me dirigí al dique Alexandra y subí a bordo del “Flamenco”. Mi equipaje ya estaba a bordo, lo mismo que un matrimonio alemán (judíos) de Berlín con dos niños pequeños que habían llegado el día anterior y habían embarcado inmediatamente. Me asignaron una litera inferior en un pequeño camarote de tres literas; las dos superior fueron ocupadas luego por dos jóvenes ingleses. Mi baúl de camarote cabía debajo de mi cama. 

            Ya estaba oscureciendo cuando soltamos amarras; un práctico nos condujo fuera del puerto y pusimos rumbo al sur. 

            A la mañana siguiente a las 7, el camarero trajo una pequeña taza de café negro para cada uno y a las 9 se sirvió el gran desayuno, el breakfast, con Quaker y azúcar granulada, luego, a gusto, huevos fritos con panceta, salchichas asadas, costillas de capón y otras delicias. Todo con pan y manteca, jugo de naranja o mermelada de naranjas amargas, café con leche, etc. El breakfast es una cuestión muy especial para los ingleses. 

            Conocimos al capitán, Captain Kinnier (la tripulación lo llamaba “capitán Caution”), al 1. Oficial de Maquinas, Mr. Hutchinson, al médico –un italiano, que tenía que formar parte de la tripulación porque en España embarcarían emigrantes- y a otros. Además del matrimonio alemán ya mencionado había una inglesa que iba a la costa del Pacífico, al encuentro de su marido. 

            El primer puerto que tocamos fue La Rochelle – Pallice, el puerto de salida de Bordeaux, Francia.  A la noche, el 1. Oficial de Máquinas nos llevó consigo a la ciudad, donde visitamos como espectadores, un salón de baile. 

            Luego tocamos La Coruña y Vigo, donde embarcamos, además de la carga, a cientos de emigrantes, hombrecitos, mujercitas y niños con destino a Buenos Aires, los que fueron acomodados en la cubierta inferior, pero que se pasaban la mayor parte del día arriba, en la cubierta superior y mataban el tiempo jugando a la lotería, cantando y bailando al son de castañuelas, panderetas etc. 

            De allí pusimos rumbo al sudoeste para atravesar el Atlántico, nada más que agua. Pasamos el tiempo lo mejor que pudimos. Debo mencionar aquí al médico italiano –que hablaba muy bien inglés- quien después de su visita matinal a la cubierta inferior, solía estimularnos –a mis compañeros de camarote y a mi- con alguna conversación interesante.

 

martes, 14 de enero de 2025

30-01-1967

             Recalamos en Sao Vicente, un de las islas de Cabo Verde donde el vapor cargó carbón. En aquél tiempo se podía cargar el mejor carbón inglés en cualquier parte, más tarde, cuando las minas de carbón de Inglaterra o Gales fueron “socializadas” se llegó a tal extremo que Inglaterra tuvo que importar carbón de Estados Unidos, con lo cual se demuestra suficientemente el éxito de la “socialización”. Es una desolada isla rocosa y nos divertíamos montando burros que traían los jóvenes pobres de la isla. 

            De San Vicente fuimos a Montevideo donde descargamos a todos los pasajeros que iban a Buenos Aires. El vapor quedó fuera de la rada y volvimos a cargar carbón. Aquí vimos por primera vez cómo los estibadores tomaban su verdoso “mate” de una taza metálica con un tubo de absorción. 

            Desde Montevideo navegamos a Ingeniero White, el puerto de Bahía Blanca, que impresiona por la obra de sus muelles y el ferrocarril inglés. Es increíble cómo han contribuido los ingleses con sus inversiones de capital al desarrollo de la Argentina. Tomamos el tren a Bahía Blanca, que en aquél tiempo aún era modesto en comparación con el actual. A pocas cuadras de la estación ya habíamos salido de la ciudad. 

            De Ingeniero White seguimos viajando hacia el sur, entrando en el Golfo Nuevo. Al cabo de unas 3 ½ horas de navegación en el golfo anclamos en Puerto Madryn. Ya había anochecido, sólo algunas luces revelaban la existencia de la población que sería la meta de mi largo viaje y de mis nuevas tareas.  En vista de la escasa iluminación empezaron a tomarme el pelo. 

            Yo me alegraba de haber llegado a la meta de mi viaje y estaba preparado para dedicarme a mis nuevas obligaciones. 

            Cierro aquí el 5. Capítulo de mi crónica y mañana bajaré a tierra en Puerto Madryn.

lunes, 13 de enero de 2025

CAPÍTULO 6 - 31-01-1967

             14 de septiembre de 1907.-  A la mañana siguiente, cuando salí a cubierta, nuestro vapor estaba junto al “hulk” (inglés, veleros o barcos viejos sin arboladura que se usan a modo de pontón para acelerar la descarga). Del otro lado había amarrado el “Carrier”, una barcaza a vapor, de manera que nuestro barco alijaba por ambas bandas. 

            Puerto Madryn se encontraba ante nosotros, extendida y dispersa en la playa. Un remolcador atracó junto a la borda: autoridades portuarias, el agente naviero y entre otros, un inglés que había adquirido la costumbre de subir abordo cuanto hacía escala una vapor inglés en Madryn: para él, era un pedazo de su Patria. Su nombre era Herbert Elbourne. Hablaba un poco de alemán. Nos hicimos amigos, y así seguimos, hasta que murió hace algunos años en el Hospital Británico de insuficiencia hepática. También el piloto del remolcador, un italiano de nombre Juan Di Natale, se convirtió en un querido amigo y madrynense que siempre se acordaba del día que desembarqué. 

Todas las formalidades se habían cumplido y llegó el momento: me despedí y el remolcador nos llevó a tierra, es decir, a un pequeño muelle de madera que tenía una grúa y donde en días de fuerte marejada se descargaba en canastos a los pasajeros. 

Como quedaba de camino, Elbourne me llevó a su casa para presentarme a su hermana, con quien vivía y que manejaba su casa. De allí me condujo a la empresa Braun & Blanchard, donde el jefe, el Sr. Roberto Gomez me recibió muy jovialmente.  Me hizo entender que ese día, el día de mi llegada, no necesitaba empezar a trabajar y que durante algunos día debería dormir en el hotel de Manuel García, al pie del muelle viejo, hasta que mi habitación, en el edificio de los empleados, estuviera preparada. 



Hotel Manuel García


Edificio de los empleados

Naturalmente que resulta difícil recibir, de repente, una andanada de palabras en español, pero entendí de qué se trataba y que debía empezar a trabajar a la mañana siguiente. 

Así fue que volví al hotel que tenía un espacioso dormitorio con cuatro camas, una de las cuales era la del cocinero. 

A la tarde fui a la playa y tirado en la arena tuve tiempo para pensar en “América”.

 

domingo, 12 de enero de 2025

01-02-1967

             A la mañana siguiente empezó la parte seria de la vida. 

El edificio comercial propiamente dicho todavía se estaba construyendo (de bloques de cemento) y mientras duraran los trabajos la empresa trabajaba en un gran galpón de chapa acanalada. Al frente, con entrada desde la calle, se había instalado el negocio, atrás había un depósito de mercadería. En la mitad, junto a un portón corredizo, estaba la oficina, con una ventana protegida con varillas de hierro que daba al patio. En dicha oficina había un gran escritorio, donde me acomodó el Sr. Gomez después de haberme saludado muy amablemente y me entregó una pila facturas de mercadería para que calculara los respectivos precios de costo. 

Hay que agregar que todas las mercaderías corrientes venían de Buenos Aires, específicamente en los vapores de la Hamburg-Süd que había formado una subsidiaria para servir los puertos de la Patagonia. 

A raíz de la conexión marítima directa con Liverpool, todos los bienes importados provenían principalmente de Inglaterra. La empresa Braun & Blanchard con sede en Punta Arenas y sus filiales a lo largo de la costa estaba muy vinculada con empresas inglesas y su crédito (Duncan, Fox & Co, de Liverpool y Morton de Londres). Las mercaderías más bonitas venían de Francia, embarcadas en La Rochelle Pallice, las españolas de La Coruña o Vigo, mientras que las mercaderías de Alemania venían de Hamburgo (Mengers & Co., Oertling Gebrüder) previo tránsito por Buenos Aires. 

Téngase en cuenta que al sur del paralelo 42 (que pasa un poco al norte de Puerto Madryn), la Patagonia estaba exenta del pago de derechos aduaneros en base a un decreto-ley del Presidente Roca, quien hacia principios de siglo había hecho un viaje al sur. Desembarcó en Madryn para visitar la colonia galesa del valle del río Chubut y luego siguió viaje hacia el sur, hasta Punta Arenas, donde se entrevistó con el Presidente Errázuriz de Chile. Este acto de hermanamiento se inscribió en la historia. 

La exención de impuestos aduaneros estaba destinada a favorecer el desarrollo de la Patagonia, que estaba muy poco poblada y gracias a ella podíamos importar los mejores bienes de cualquier país del mundo. La feliz circunstancia de que entonces Argentina fuera un país bendito, con floreciente agricultura y ganadería y la correspondiente exportación a Europa fortalecía el valor de su dinero. 

En ese tiempo, un dólar norteamericano valía:

(hoy 280.-)  2,40 pesos argentinos, una libra esterlina

(hoy 750.-)11,40 pesos argentinos, 1 marco alemán

( hoy 70.-)  0,57  pesos argentinos 

Además, había monedas de oro de curso legal; un Argentino de oro era igual a 5 pesos de papel. También había libras esterlinas, dólares mejicanos y norteamericanos y cuando el buque-escuela argentino iniciaba el viaje de estudio de los cadetes del último año alrededor del mundo sólo llevaba oro en sus cajas. 

Todo esto sólo tiene el propósito de que se comprendan mejor las condiciones reinantes en ese tiempo. 

Vuelvo ahora a mi pila de facturas de mercadería en toda clase de monedas y sus posibles valores monetarios para calcular los precios de costo, en los que había que incluir todos los costos y gastos - y debo admitir que eran unos cuantos- lo que me tomaba bastante tiempo, particularmente cuando se trataba de facturas largas, con muchos rubros. A veces me preguntaba, cómo se habían podido amontonar de esa manera y qué había pasado entre tanto con la mercadería.

sábado, 11 de enero de 2025

02-02-1967

             Es necesario aclarar que por las razones mencionadas más arriba, la vida era muy barata. En el hotel pagábamos, con pensión completa, 60 pesos por mes, es decir 2 $ por día. Claro está que los salarios y los sueldos eran correspondientemente bajos: un empleado ganaba quizá unos 150 pesos por mes. Mis 300 marcos, al cambio de 0,60, resultaban ser 180 pesos. El Sr. Gomez tenía un sueldo fijo de 300 pesos que con su numerosa familia no alcanzaban para nada. El resto saldría de la participación de las ganancias. Naturalmente que lo principal era lo que uno podía comprarse con lo que ganaba y considerando que sólo tenía que gastar 60 pesos para vivir y con 100 pesos podía vestirse de pies a cabeza se podría vivir con comodidad. 

Entre tanto la habitación que me habían asignado en la casita de los empleados estaba más o menos terminada, como para que me pudiera mudar, (tres habitaciones en hilera con una galería, construidas en madera y forradas también con madera). Estaba amueblada con lo indispensable: una cama, una mesa, una silla, una palangana y jarra y una pequeña mesa de luz. Tomé las cosas tales como eran, nunca me costó adaptarme a las circunstancias. 


Su habitación

 Un buen día llegó la hora de que tuviera que hacerme cargo de la contabilidad y allí me desayuné de la triste realidad: en realidad no se había iniciado ninguna contabilidad, a pesar que ya en diciembre de 1906, el Sr. Gomez había venido de Punta Arenas para organizar las actividades en Puerto Madryn y en Trelew, en el valle del río Chubut. Por eso tuve que rastrear y reunir todos los papeles, correspondencia, facturas de mercadería, etc, ordenarlos por meses, para poder empezar algún tipo de orden.  Aún así quedaron asuntos sin resolver, porque el Sr. Gómez no se podía acordar. Tengo que confesar, que esto fue lo más difícil para mi, porque aparte de un libro de caja, no existía nada y a veces me pregunté porque el Sr. Gomez quiso un contable de Hamburgo si seguramente no hubiera sido tan difícil hacer venir uno de Buenos Aires en lugar de esperarme. En la población vecina, Trelew, ya existían bastantes comercios y un comercio más o menos importante sin contabilidad es prácticamente impensable. El Sr. Gomez era un tipo realmente genial! 

Entre tanto también nos habíamos mudado al nuevo edificio. Mirando al norte había una oficina con dos grandes ventanas, mientras que el galpón de techo de chapa quedó para depósito. 

Se acercaba la Navidad de 1907, la primera Navidad en tierra extraña.  El Sr. Castelberg, gerente de la empresa lanera Diego Meyer & Co. y su señora me invitaron junto con un empleado joven de la lanera Lanusse & Olaciregui, el Sr. Schneider, a celebrar en su casa. No faltó el árbol de Navidad, aunque era muy modesto.  La agradable velada ahuyentó la melancolía. Hay que admitir que la noche de Navidad en tierra extraña puede entristecer a cualquiera. Pero también es cierto que no debe existir un rinconcito del mundo donde los alemanes no armen un arbolito y celebren el día.  Esta costumbre se ha difundido tanto que hoy en día ya no se puede pasar de largo la Navidad. 

A fines de enero/principios de febrero de 1908 me enfermé: fiebre tifoidea, inflamación gástrica, gastroenteritis. Empezó con diarrea, pero un día, al despertar, tenía 39/40ºC de fiebre y tuve que quedarme en cama.  Por suerte había un médico en la población, lo cual no sucedía habitualmente en aquellos tiempos. Naturalmente que la causa del problema era la alimentación. Creo que la señora de Gomez me cuidaba, el señor Gomez me venía a ver seguido y a la noche, mi compañero de trabajo, Rafael Flores, me hacía la cama y arreglaba mi pieza. En total, tardé aproximadamente un mes en mejorar y quedé muy debilitado. No es agradable enfermar cuando se está solo. Después de la enfermedad tenía un hambre feroz, aunque no podía descartarse una recaída. 

Al cabo de algunos meses supimos que se intentaba una fusión de las filiales costeras de José Menendez y Braun & Blanchard: había que presentar balances y otros datos. Como el tiempo era escaso, porque dependíamos del tráfico de los vapores que iban al Pacífico para comunicarnos con Punta Arenas, estuve muy ocupado y el último día tuve que pasar toda la noche trabajando. 

En julio/agosto vino del sur una comisión encabezada por Don Alejandro Menendez, el hijo mayor de Don José Menendez, para controlar los balances al 30 de junio de todos los negocios. 

Sobre la base de estos balances se fundó la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia que luego se lanzó a la arena de los negocios con gran respaldo financiero.  Pero de esto daré mayores detalles en el Capítulo siguiente. 

Después que se fueron todos, el Sr. Gomez me dio dos semanas de vacaciones que pasé con mi amigo Herbert Elbourne en el valle del Chubut. Primero fuimos a la chacra del viejo Benbow Philipps, quien a pesar de su edad avanzada se había casado con una hermana de Elbourne. Desde allí cabalgamos río arriba hasta la casa de su hijo, Randall Philipps, que se dedicaba a la cría de caballos y vacunos. Nos trajeron de vuelta en bote y los caballos nadando a través o por el río. Luego, volvimos río abajo hacia el valle, pasando por la chacra de un tal José Castro y desde allí a lo de un tal Lloyd Kent, donde pasamos la noche.  A la mañana siguiente, nos dieron un muchacho que nos llevó hasta un vado del río y así llegamos de vuelta a lo de Benbow Philipps y más tarde a Madryn. El viaje no solamente me sirvió para despejarme la cabeza y de descanso sino que también conocí el valle del Chubut.

viernes, 10 de enero de 2025

CAPÍTULO 7 - 04-02-1967

             A modo de recapitulación quiero agregar que antes de la fusión, la empresa Braun & Blanchard se había hecho cargo o había adquirido una empresa en Ñorquincó, en la cordillera. La distancia que la separaba de Madryn era de aprox. 500 km y al principio, el transporte se hacía en carretas tiradas por bueyes, más tarde con mulas. Las primeras tardaban un mes y las segundas, 15 días. Dado que las carretas también debían llevar carga en la vuelta y los clientes solamente podrían pagar con su lana, la empresa no tuvo más remedio que iniciarse en este reglón, aunque no tuviera personal especializado. 

Entre tanto, la Sociedad Anónima había resuelto crear un servicio de vapores propio. Hizo construir dos vapores en Inglaterra, el “Asturiano” y el “Argentino”, a los que se agregó más tarde el José Menendez”, todos ellos para carga y pasajeros. Como Puerto Madryn estaba en la zona franca, era el lugar de transbordo ideal para todas las mercaderías importadas. Por eso, la Sociedad compró enseguida el antiguo vapor “Kaiser”, que prestaba servicio en el este de África, lo hizo cargar con madera en Suecia, hizo completar la carga con loza en Inglaterra y lo mandó a Madryn para que después de ser descargado, sirviera de pontón de transbordo. Naturalmente que la gran cantidad de madera, su clasificación y depósito, también nos dio un montón de trabajo, para lo que necesitábamos tinglados. Una parte sería reembarcada para el sur. También los vaporen que llegaron más tarde traían todos, la misma carga. 


Además, la Sociedad Anónima se vinculó con EEUU (W.R. Grace & Co.), Italia y la Rolandlinie de Bremen, para que sus naves recalaran en Madryn. Para lograr este fin, naturalmente que tenían que conseguir la necesaria carga mínima. 

El “Kaiser” no solamente sirvió de pontón de transbordo para las cargas destinadas al sur, sino también de pañol y despensa de los vapores propios, tanto en lo que respecta a implementos de cubierta como a alimentos. Claro está que todo esto implicaba mucho trabajo, porque muchos de los bienes tenían que encargarse en Europa. Cuando faltaba algo, los capitanes se quejaban a la dirección, primero en Punta Arenas, más tarde en Buenos Aires, mientras que nosotros teníamos que trabajar de noche para hacer todos los pedidos. 

Naturalmente que hubo que tomar un hombre que se ocupara de todo lo referente al servicio de las naves.

jueves, 9 de enero de 2025

05-02-1967

             De lo que antecede surge que “la Anónima” iba en vías de convertirse en una gran empresa. Sus acciones tenían un valor nominal de 100 libras esterlinas. En sus filiales ofreció algunas a sus clientes. Había capital que las respaldara y los créditos de sus filiales favorecían, particularmente en el sur, el establecimiento de muchos criadores de ovejas. 

1909.- Tuve que presentarme en el Consulado Alemán por el asunto de mi servicio militar. Aproveché el hecho que el Sr. Guillermo Carl viajaba a Buenos Aires para unirme a él. El sabía manejarse allí, en cambio, para mi todo era nuevo. Los escasos vapores de la Hamburg-Süd no podían satisfacer el tráfico de pasajeros y generalmente ya venían completos del sur. En ese tiempo no había otros medios de transporte. Así que la agencia emitía pasajes de 1. Clase “sin cama” y cada uno se arreglaba como podía. Yo dormía en el sofá del Comisario de abordo, otros en el salón comedor. 

El Consulado me asignó día y hora para la revisación médica. Resultado: exento del servicio militar por pie plano incipiente. Menos mal, una preocupación menos. No creo que valiera la pena mandar reclutas desde aquí a Alemania, seguramente que allí sobraban. 

El Sr. Carl y yo solíamos ir seguido y con placer a “Aues Keller”, allí se comía bien. Este lugar estaba más o menos en el cruce de Bmé. Mitre y Diagonal –que entonces todavía no existía- y era muy concurrido. Para nosotros, “patagones”, Buenos Aires era sinónimo de “comer bien”. 

No me acuerdo de ningún acontecimiento especial de este viaje. Tenía que ocuparme de ver cómo regresar lo más pronto posible a Madryn.

Dado que el asunto del servicio militar estaba arreglado, podía pensar en casarme, para lo que como primera medida me preocupé de buscar un terreno apropiado. Ya no era tan sencillo: los terrenos de Manuel García, del Dr. Cosentino, Juancito Arbeleche, Juan Zaraz estaban en la avenida costanera y “no estaban en venta”. Enfrente de James había un cuarto de manzana que pertenecía a un ex-gerente del ferrocarril, tampoco estaba en venta (a pesar que más tarde fue subdividido repentinamente y vendido). Lo mismo sucedía con media manzana frente a la plaza pública: se dijo que estaba “reservada”. Un buen día resultó ser de Milano, Boca y del Dr. Cosentino. Así fue que Flores y yo compramos en la última manzana frente a la playa. Se murmuró que habíamos comprado en las “dunas”.

miércoles, 8 de enero de 2025

06-02-1967

             02 de septiembre de 1909.-Festejamos el día de mi compromiso oficial. Invité a algunos amigos y familias conocidas a una cena. Había encontrado un cocinero que nos preparó un rico menú, incluyendo un pavo. Todo se desarrolló muy cordial y armónicamente y al final también se bailó. La familia Gomez se disculpó, el lugar no les debe haber parecido suficientemente distinguido. 

Ahora había que ocuparse de la construcción de la casa o casas, porque Flores también construiría al lado. El constructor era un tal Antonio Civitareale y su hijo. Habían construido el nuevo hotel de Manuel García frente al edificio de la Gerencia. El zócalo de cemento y las paredes avanzaron con relativa rapidez. Luego entraron los carpinteros para hacer los techos inclinados de tipo chalet y los adornos con frente a la calle y al mar. Luego siguió el interior, el revoque de las paredes, las puertas y las ventanas corredizas suecas de última generación, las persianas, etc. La casa consistía en una galería vidriada con sol de mañana y vista al mar, le seguía un comedor con dos ventanas al costado y atrás, un dormitorio grande con dos grandes ventanas con vista al mar y una al norte con sol por la tarde. Además, la cocina, una despensa y el sótano, finalmente, el baño: en total 10 X 10 metros. En el patio hice construir un lavadero, una habitación para huéspedes y un toilet. Siguieron los trabajos de pintura y todo se iba terminando cuando Frieda embarcó en el "Cap Roca" con rumbo a Buenos Aires. 

Como yo tenía que esperar un vapor que viniera del sur para ir a su encuentro, le mandé un largo telegrama en alemán a la Agencia Delfino, la que gentilmente se lo adelantó en Montevideo. 

Por lo tanto, no pude esperarla en el muelle cuando amarró el “Cap Roca”, ni satisfacer la curiosidad de sus compañeros de viaje. El Capitán retuvo a Frieda abordo y la llevó personalmente al “Kaiserhof” (luego Hotel Jousten).

 Por ironía del destino, la primera persona que había conocido Frieda en la mesa del capitán fue el Inspector Weiss, quien había navegado mucho en la costa sur y me conocía, con lo cual se demostró una vez más que el mundo es un pañuelo. 

Entre tanto también había arribado mi vapor procedente del sur. La despedida fue húmeda y alegre, estrenando el muelle nuevo. El viaje comenzó con mar gruesa a la salida del golfo y yo tenía nuevamente un pasaje de 1. Clase “sin cama”.

 

martes, 7 de enero de 2025

07-02-1967

Cuando nuestro vapor llegó a Buenos Aires, Frieda me esperaba en el muelle. La alegría del reencuentro fue grande después de casi 3 años. 

Lo primero que hicimos fue ir a visitar al Capitán del “Cap Roca” para saludarlo y despedirnos, ya que su barco ya volvía a partir. A continuación fuimos al “Kaiserhof” (Jousten), Naturalmente que teníamos mucho que contarnos. Después del almuerzo me fui a dormir, era la primera cama que veía desde mi partida de Madryn. 

A la tarde fuimos a la iglesia para anunciar nuestro casamiento.  Pedimos al Pastor von Wicht (Pastor de la Misión de los Marinos) que nos casara el sábado – debe haber sido un jueves. Al día siguiente fuimos al Registro Civil y visitamos al Pastor y a su señora e invitamos a algunos pasajeros de nuestros respectivos vapores a la ceremonia para no estar tan solos. entre otros también al Capitán de mi vapor, Ulrich Lehmann y a la familia Hermel con Hannchen, a quien Frieda ya había tenido ocasión de conocer. Lehmann y Hannchen se casarían más tarde, desgraciadamente la guerra se llevó a Lehmann siendo comandante de un submarino. 

Así llegó el 23 de abril de 1910, el día de nuestra boda. La Sra. Jousten se preocupó amorosa y diligentemente de hacer los preparativos. Al caer la tarde fuimos a la iglesia de la calle Esmeralda, nuestros fieles invitados ya estaban reunidos. El Pastor nos habló de manera muy conmovedora y nos dio una sentencia: “Todas vuestras penas confiadlas a Él, pues Él vela por vosotros” (Alle Eure Sorgen werfet auf Ihn, denn er sogt für Euch). No estábamos solos en el mundo! 




Acta de casamiento de Rudolf y Frieda

Después de la andanada de felicitaciones invitamos a nuestros amigos al Kaiserhof, donde la Sra. Jousten ya había preparado todo. Además del Prof. Eberlein,


Gustav Eberlein

 el artista y escultor que había traído el friso para el monumento de San Martín (estábamos en el año que se festejaba el centenario de la independencia argentina) y quien había venido en el “Cap Roca” con Frieda, el Capitán Lehmann, el Inspector Weiss, el Sr. y la Sra. Jousten, la Sra. Weibel y Hannchen Hermel había un total de 14 invitados. La reunión se animó y en medio del jaleo, el Prof. Eberlein se empeñó en componer una canción en honor del acontecimiento que fue muy aplaudida y que, provista de la firma de todos los presentes, pasó a ser la primera hoja de nuestro álbum familiar.  La tertulia terminó cuando hubo suficientes botellas vacías haciendo guardia a lo largo de la pared. Habíamos encontrado amigos, también en tierra extraña. 

Frieda y yo tomamos el ascensor y subimos al denominado séptimo cielo. 

Sin embargo, la mañana siguiente, domingo, nos vio nuevamente en la iglesia. El Pastor y sus palabras nos habían gustado tanto! Teníamos que hacer acopio para el camino, hacía muchos años que no pisábamos una iglesia! 

Los días que nos quedaban hasta la partida del siguiente vapor que iba al sur, el “Presidente Quintana” los ocupamos con visitas y paseos. 

De los paseos, el que más nos gustó fue Palermo, donde los “porteños” (de “puerto”, es decir los que viven en el puerto, denominación que se da a los habitantes de Buenos Aires) pasean, particularmente los domingos, bajo palmeras y junto a pequeños lagos artificiales en medio de hermosos jardines y pérgolas, sobre calles asfaltadas en coches abiertos de dos caballos o landós, mientras que en los caminos aledaños, provistos de muchos bancos, se pasean “los de a pie”. Esta fue quizá la imagen más característica del Buenos Aires de 1910. 

También el camino de regreso a la ciudad, atravesando los jardines boscosos de la actual Plaza Francia era lindo y cuidado. 

Sin embargo, el Buenos Aires de 1910 no era comparable con el de hoy. Las calles fueron siempre estrechas y había que admirar a los cocheros al verlos abrirse camino en el tránsito. Las veredas eran aún más angostas que ahora y en vista de los inminentes festejos del centenario de la independencia, el 25 de mayo, estaban rotas en muchos lugares. 

Así llegó el día de nuestra partida. La primera escala fue en San Antonio, donde los buques alemanes (“Tucumán” y “Mendoza”) descargaban rieles de ferrocarril de procedencia belga para el trecho de tierra adentro, en dirección a Bariloche. Participamos de un festejo húmedo/alegre entre compatriotas y los demás pasajeros de nuestro vapor se admiraron a la mañana siguiente al ver que el agua de desagüe se llevaba todas las botellas vacías al mar. 

Después amarramos en Puerto Pirámides, porque como ya mencioné, los vapores de la Hamburg-Süd seguían siendo los únicos que conectaban Buenos Aires y la costa sur. De allí que nuestro viaje durara ocho días. 

Aquí cierro este Capítulo porque mañana llegaremos a Puerto Madryn.

lunes, 6 de enero de 2025

CAPÍTULO 8 - 08-02-1967

Por la mañana, cuando salimos a cubierta, nuestro barco estaba amarrado a lo largo del muelle y después de tomar el desayuno nos despedimos e iniciamos nuestro camino hacia la nueva vida. Madryn se extendía ante nosotros bajo un sol brillante. Primeramente mostré a Frieda mi alojamiento de soltero y luego fuimos a nuestra nueva casa frente al mar. 

Todavía había unas cuantas cosas sin terminar, pero para Frieda significó el principio de una nueva vida. Para gran alegría de ella, la esperaba una gran cantidad de cartas de “allá” (drüben: Alemania). Mientras leía, sentada sobre una carretilla y entre lágrimas y risas las cartas de sus seres queridos, se acercó el Capitán de nuestra nave con un cuadro que Frieda había ganado en una rifa abordo y le sacó una foto con el cuadro y la carretilla, con el pañuelo en la mano y todas sus cartas, con lo cual la llegada de Frieda a Madryn y a su nuevo hogar entró en la historia y más tarde al álbum. 

La nueva casa, con sus muchas y altas ventanas que necesitaban cortinas, los pisos, los muebles que se acarreaban, todo lo nuevo y extraño, incluyendo el idioma, representaban problemas no menores para ella, pero gracias a su naturaleza alegre y positiva pudo solucionarlos a todos. 

La familia Gomez, sin excepciones, trataron a Frieda con cariño y amabilidad y siguieron así toda la vida.  Además era costumbre que las señoras residentes fueran a saludar a la nueva vecina y le ofrecieran su casa. En estos casos, cuando Frieda había terminado de decir su escaso repertorio idiomático y ya no sabía que hacer con las visitas, entonces les mostraba su voluminoso ajuar. También los capitanes, los primeros oficiales de máquinas y los médicos de a bordo de la Hamburg-Süd venían gustosos en cualquier momento. Lo primero que miraban por la mañana era si salía humo de nuestra chimenea y entonces se acercaban caminando a lo largo de la playa, traían un buen pan negro, manteca fresca, a veces también un pedazo de salchicha o queso. Por nuestra parte, aceptábamos con frecuencia y con gusto sus invitaciones para subir abordo, porque los barcos de la Hamburg-Süd eran un pedazo de la Patria lo mismo que para los otros jóvenes alemanes que estaban en tierra, como el Sr. Steinhoff, de la empresa Diego Meyer & Cía. 

Entre tanto, yo me había enfrentado con todo el trabajo que se había atrasado. También había mucha actividad en el negocio, de manera que a veces tenía que volver a la oficina después de cenar. Ya estábamos en mayo y en junio empezaban los preparativos para el inventario, después el balance, las copias para Punta Arenas, etc., por lo que muchas noches tenía que dejar sola a Frieda.

domingo, 5 de enero de 2025

09-02-1967

En julio o agosto del año 1910 resolvimos invitar a la mejor amiga de Frieda y sobrina segunda de Hermann Zietz, el marido de la hermana mayor de Frieda, Adele, para que nos visitara en Madryn. Adele, con su vena literaria, escribía con motivo del cumpleaños de Frieda, el 27 de noviembre: 

El más lindo regalo le llevará seguro nuestra Else

en aras de vieja amistad con el telegrama que diga,

“Viajo”. 

(Das schönste Geschenk bringt ihr sicherlich unsre Else dar in altfreundschaftlicher Weise, mit dem Telegramm-Wort „ich reise“.) 

Hacer versos era un don de muchas personas como el Sr. Dr. Wlotzka, médico de uno de los vapores alemanes que dedicó estos versos a Frieda: 

“La foto de Else cuelga en la pared:

viva la casa en la playa de Madryn!” 

(Elses Bild hängt an der Wand;

hoch leb’ das Haus am Madryn-Strand) 

Antes de que llegara el momento de recibir a Else Blumenthal en Buenos Aires, el Sr. Gomez fue nombrado director de la Sociedad Anónima en Punta Arenas. Hubo abundantes festejos de despedida, pues la familia era respetada y querida y el propio Gomez se había hecho merecedor de reconocimiento. Según nuestro Libro de Familia se despidieron el 14 de febrero de 1911, después una bonita cena y tertulia. 


Frieda y Else Blumenthal

Entre tanto, Else ya se había puesto en camino y Frieda se preparaba para recibirla en Buenos Aires. No les iba a ser difícil llenar el tiempo que mediaba hasta la partida  hacia Madryn considerando los muchos amigos que habíamos hecho. Pero el viaje por mar hacia Madryn en la pequeña “Quintana” y con mar gruesa la espantaba, prefería morir, pero el buen Dios no la quiso todavía. Sus compañeros de viaje, la Sra. Lüdden de Alemania y el Sr. Wegmeyer de Buenos Aires figuran en nuestro Libro de Familia con fecha 24 de marzo de 1911. 

        Así fue que Frieda tuvo compañía, y le vino bien porque quedó embarazada: el 12 de octubre de 1911 nació nuestra primera hija, Elsita (Else Minna Catharina). La asistió el Dr. Martinengo, nuestro médico local con habilitación de las autoridades, ya que no había un médico argentino. La partera, Doña Carmela, esposa de Juan Di Natale, quien me llevó a tierra en 1907, no pudo ayudar porque ella misma estaba en la dulce espera

sábado, 4 de enero de 2025

10-02-1967

             El sucesor del Sr. Gomez en la Sociedad Anónima era un viajante, Juan N. Toso, quien ocupó el cargo algo menos de un año y había agarrado bastante bien el ritmo del negocio. Pero cuando el Sr. Gomez se enteró que por la mañana, cuando todos iban a trabajar, dejaba salir las prostitutas por la puerta principal del edificio de la gerencia lo destituyó de inmediato, telegráficamente y me nombró como sucesor. 

Naturalmente que era un gran honor para mi, pero este cargo también implicaba muchas preocupaciones: el negocio con la competencia y los precios; el galpón de chapa en el mismo terreno, con cajones y bolsas cerradas cuyo contenido debía figurar en la administración de las existencias para que no nos quedaran “clavos”; dos grandes galpones de chapa junto al ferrocarril para lana y mercadería y dos tinglados para la madera sueca, etc. 

A esto había que agregar los vapores de la Anónima que llegaban uno tras otro y los vapores norteamericanos, alemanes e italiano que representábamos, para cuya carga y descarga siempre dependíamos del ferrocarril. Además, la filial de Ñorquincó y todo los comercio pequeños que estaban sobre el camino hacia aquella. Estaban también los “fiados”, los viajantes, las montañas de correspondencia. Y a la noche, cuando reinaba la paz, teníamos que hacer los pedidos, incluyendo de las provisiones para los vapores. No hay que olvidar la envidia que pone dificultades en el camino. Particularmente el gerente del ferrocarril que llegó hasta la calumnia –que no me aguanté- y que en la primera oportunidad me denunció al viejo Menendez. También estaban los Inspectores de la Anónima, que en lugar de solucionar problemas nos amargaban la vida: o bien pedían prestado a los Gerentes, como Strassmann, o se prestaban para cochinadas, como Rheder. Escribían a mis espaldas en vez de discutir y solucionar los problemas conmigo, lo que daba motivo para telegramas de Punta Arenas y contestaciones. También tenían orden de comunicar “todo lo que oyeran”: es fácil imaginar las situaciones poco felices que se producían. 

En total, era mucho honor y trabajo, pero poco pan. 

Cuando Punta Arenas quería saber dónde habían sido construidas las endiabladas pequeñas barcazas de la Hamburg-Süd: pregúntenle a Grimm. Cuando necesitaban un capitán: pregúntenle a Grimm. Servíamos para todo: escriba a la Roland Linie en alemán, después tenía que traducir las cartas al español, pues las copias de toda la correspondencia iba a Punta Arenas. 

Durante el tiempo que pertenecí a la Sociedad Anónima hice un viaje a Ñorquincó. Desde allí, emprendimos el viaje al Maitén, donde cruzamos el río Chubut. Mi caballo era muy inquieto, casi me mata al montarlo pues se metió en un galpón. En la mitad del río tropezó. Miré hacia abajo, me mareé y caí de espaldas al agua. El río me arrastró, pude agarrarme a una piedra grande. Guerrero, el dueño de nuestra carreta de mulas me sacó de allí. Yo estaba completamente empapado, pero no quise volver atrás. Así fue que seguimos cabalgando hasta el Boquete de Bolsón, donde me administraron toda clase de brebajes calientes y me metieron en cama y colgaron mis gruesas ropas para que se secaran. Pensé cosas fantásticas toda la noche, pero al mediodía del día siguiente mis ropas y mis botas de caña alta estaban en condiciones para que pudiera volver a ponérmelas.  Cabalgamos a través del valle de Bolsón, Las Golondrinas, maravilloso, volvimos a salir cerca de Epuyén, en Rincón de Cholina pasamos nuevamente el río hacia Colonia Cushamen y de allí, de vuelta a Ñorquincó. Desde allí todavía hice una escapada a Bariloche, de belleza admirable, pero sin comunicación, porque el ferrocarril solamente llegaba hasta Maquinchao. Llegué a Madryn con una gran barba que me hice recortar en forma de barbita en punta. 

Al poco tiempo recibimos telegráficamente noticias de Ñorquincó: un turco que era cliente había vendido todo lo que tenía contra giro a Lahusen y se había mandado mudar.  Justo en esos días, yo estaba en cama con una inflamación de oído. A pesar de ello, resolvimos tomar el “Quintana” hasta San Antonio. En la sucursal local de Lahusen no logramos nada. Seguimos la pista del Turco y lo alcanzamos en Patagones. Admitió todo y dijo que viajaba a Buenos Aires por razones de salud.  Cuando estuviera mejor, pagaría. Quisimos seguir hasta Bahía Blanca, pero un 25 de mayo nos quedamos en el camino, detrás de un monte. Nos rescató la gente de una posta (hotel de campo?) y al día siguiente nos llevaron a Villa Luro donde pudimos subir a un tren de línea sin pagar boleto. Así llegamos a Bahía, a la civilización que representaba el Hotel Sudamericano. Visité al Sr. Diego Meyer y él me recomendó a su a bogado, pero no hubo nada que hacer.  Nuestra filial de Trelew también debería haber tomado medidas en este asunto, pero el juez de Rawson había cometido el error increíble de hacer valer derechos de terceros en Lahusen, en Buenos Aires, en lugar de hacerlo a través de un juez de Buenos Aires.  De allí que nos tuvimos que volver sin haber solucionado el asunto. Frieda se quedó en casa de los Lahusen, en San Antonio, ya que estaba esperando a Rudi. Yo volví a Madryn en junio, con un frío de mil demonios, en un coche abierto, tres días más tarde.

viernes, 3 de enero de 2025

11-02-1967

             Para contar otra cosa diferente de los viajes diré que un 9 de julio festejamos la Fiesta Patria en nuestra casa. Vinieron todos nuestros invitados. La fiesta resultó un éxito y siguió con cotillón y baile hasta la mañana siguiente. 

El 28 de octubre de 1913 nació Rudi: la bandera subió al tope del mástil de la Casa Gerencia. 

También el compromiso y posterior casamiento de Else Blumenthal y Willy Oetken cayó en este período. A Willy Oetken lo mandé más tarde como jefe a nuestra filial de Ñorquincó donde trabajó muy bien. 


Entre tanto habíamos abierto una nueva filial con autorización de Punta Arenas, en Talagapa, a medio camino de Ñorquincó, hacia el norte y en las montañas, que anduvo muy bien. 

A propuesta de Fernando Sotz, constructor de coches y herrero abrí un Taller, igualmente con consentimiento de Punta Arenas. 

En este período también hice un breve viaje a Punta Arenas. La casualidad quiso que viajara nuevamente en el “Flamenco” y que Mr Hutchison siguiera siendo 1. Oficial de Máquinas.  Regresé con un vapor de Hamburg-Süd visitando las filiales de la costa. 

No puedo garantizar que todo lo que cuento sea cronológicamente correcto, pero creo que no es tan importante. 

En 1914 empezó la 1. Guerra Mundial y puso todo de cabeza. Todos nos presentamos en el Consulado y nos anotamos. 

El 1915 se me pidió la renuncia porque teníamos deudas, tanto Fernando Sotz & Cía como yo en forma privada. En cuanto a mi personalmente, debo admitir que nunca tuve un sueldo aceptable. Madryn era un lugar donde se trabajaba mucho, pero donde no se ganaba mucho dinero.  En el negocio teníamos que pagar intereses sobre el capital asignado y pagar intereses sobre la cuenta corriente y todo lo que se agregaba. 

Me dieron un mes de preaviso, sueldo y casa, con la solicitud de que ayudara a mi sucesor (“casualmente” era el Sr. Rheder), en caso que me necesitara. Escribí una carta personal al Sr. Gomez preguntándole para qué servían los años de sacrificios personales que había ofrecido a la Anónima si en un momento dado no se los reconocía. No contestó mi carta. El era Director, pero José Menendez era Presidente de la Sociedad Anónima. 

Aquí cierro mi informe, mañana tenemos que empezar una nueva vida.

 

jueves, 2 de enero de 2025

CAPÍTULO 9 - 11-02-1967

             Así fue que me quedé con una familia a cargo y lleno de deudas, pero sin dinero. Mi paternal amigo Agustín Pujol se hizo cargo de mi deuda con la Anónima. Se la pude pagar a él y a su viuda a lo largo de muchos años. 

En cuanto a la cuenta “Fernando Solz y Cía.”, mi socio me urgía para que se rematara “todo”, pero yo no estaba de acuerdo con esa solución. Ya me había manifestado anteriormente, después que hubo organizado todo a su gusto, que se sentía demasiado viejo para seguir trabajando. La Anónima consiguió una autorización para proceder al remate hasta cubrir su crédito. Pedí a Pujol que comprara el resto a su nombre para mi, en bloque, por intermedio de su hombre de confianza, Julián de Castro: yo no quería ni podía permitir que se perdiera todo. 

Entonces Sotz empezó a amenazarme. Hice la denuncia en la policía, pedí protección personal y permiso para portar armas. La policía le ordenó que no se cruzara en mi camino, hasta que un día, en la estación, me ofendió y me calumnió en presencia de testigos. Le inicié juicio y cuando el juez nos citó para una eventual retractación o conciliación prefirió irse al Territorio Nacional (ahora provincia) vecino. 

Quiso la casualidad que en ese momento estuviera en venta, a través de un representante, el pequeño negocio del yugoeslavo Angel Spanich, de profesión constructor, quien había construido las casas de la Anónima y que había vuelto a Punta Arenas para buscar alguna ocupación apropiada. Yo tenía que empezar a hacer algo. Por eso le pedí una fianza de $ 5.000 m/n a mi paisano Hermann Kruse que tenía terrenos en Madryn y ovejas más arriba de Telsen. Me la concedió sin problema. Yo podía pagarle a Spanich en cuotas de $ 1.000.- mensuales. Por lo tanto, la “Tienda Madryn” nació con deudas y no saldría de las deudas por décadas, porque en un comercio siempre hay que comprar para mantener el surtido e incorporar las novedades. 


El día que nos mudamos de la Casa Gerencia a nuestro nuevo negocio se quemó el “Kaiser”. Un vapor norteamericano descargaba nafta en cajones. Una eslinga se rompió, prendió fuego y todo se fue al tacho. El vapor pudo cotar los cabos. A bordo del “Kaiser”, sólo el maquinista ayudante sufrió severas quemaduras.



Introducción a la crónica.

Entre los miles de inmigrantes que llegaron a la lejana Argentina a principios del siglo XX, se encontró Rudolf Henry Grimm. Nuestro abuelo,...